¡Hola, queridos lectores!
LOS PRIMEROS AÑOS DEL FUTURO ESCRITOR:
INFANCIA, PASIONES Y LA SITUACIÓN DE FRANCIA EN
AQUELLA ÉPOCA
Honoré de Balzac nació en 1799 en Tours, Francia, en
una familia donde se valoraba más el éxito social y el dinero que el calor
maternal. Su padre era un funcionario de origen campesino que logró ascender
socialmente durante el caos revolucionario, mientras que su madre, mucho más
joven, le mostró poco afecto, lo que provocó que el futuro escritor sintiera
desde temprano un fuerte aislamiento emocional. En aquel entonces, Francia
atravesaba cambios monumentales: el fin de la Gran Revolución y el ascenso de Napoleón
creaban una atmósfera donde todo parecía posible, mientras la vieja
aristocracia cedía paso gradualmente a una burguesía codiciosa. Este periodo de
transición y sus enormes ambiciones se convertirían más tarde en el motor
principal de su obra, aunque en su infancia esto solo se manifestó como una
disciplina rígida y un sentimiento de extrañeza en su propio hogar.
La infancia de Balzac no fue un camino de rosas; sus
padres lo enviaron al colegio de los Oratorianos de Vendôme, que él más tarde
calificaría como una "prisión intelectual". Allí pasó siete años casi
sin vacaciones, viviendo en condiciones espartanas y sufriendo castigos severos
y una mala alimentación. No fue un alumno modelo; sus profesores lo
consideraban un niño perezoso y soñador. El propio escritor dijo sobre este
periodo que en el colegio experimentó un estancamiento espiritual, pero fue
precisamente allí donde se convirtió en un lector apasionado, devorando en
secreto todo lo que caía en sus manos, desde tratados filosóficos hasta novelas
populares. Este inmenso deseo de conocer el mundo a través de los textos fue su
único consuelo y su escape de una realidad agobiante.
Al alcanzar la mayoría de edad, Balzac se mudó a
París, donde, presionado por sus padres, comenzó a estudiar derecho y a
trabajar como pasante de abogado. Aunque esta experiencia le otorgó más tarde
conocimientos invaluables sobre contratos, deudas y la codicia humana, los
estudios en sí le producían rechazo. El joven Honoré sentía que su vocación no
era el oficio seco de jurista, sino algo mucho más grandioso. Anhelaba fama y
fortuna, mientras observaba en las calles de París una lucha despiadada por cada
franco, lucha que más tarde describiría magistralmente en sus obras.
El punto de inflexión ocurrió cuando Balzac declaró a
su familia que no sería abogado y que elegiría el camino de escritor. Sus
padres, aunque insatisfechos, aceptaron darle un periodo de prueba y lo
instalaron en una modesta buhardilla en el centro de París con una asignación
mínima. Más tarde recordaría estos años con un orgullo extraño, afirmando que
su juventud estuvo marcada por el hambre y el frío, pero también por la
libertad de pensamiento. Vivía casi en la miseria, consumía cantidades
industriales de café e intentaba escribir dramas trágicos y novelas baratas
bajo diversos seudónimos para ganar algo de dinero y demostrar su valía a sus
padres.
Antes de convertirse en un genio reconocido, Balzac
también probó suerte en los negocios, comprando una imprenta y una fundición de
tipos, pero estas aventuras terminaron en deudas catastróficas que lo
persiguieron por el resto de su vida. Fue precisamente este deseo desesperado
por enriquecerse y la lucha constante contra los acreedores lo que terminó por
formarlo como un creador consciente del poder del dinero en el mundo moderno.
No aprendió de los libros de texto, sino de sus propios fracasos, del lodo de
París y de la vanidad de los salones aristocráticos, hasta que finalmente
comprendió que su verdadera misión era convertirse en el "secretario de la
sociedad francesa".
EL ASCENSO Y LA VIDA DE HONORÉ DE BALZAC
El giro decisivo en su carrera ocurrió tras una serie
de fracasos comerciales, cuando Balzac comprendió que las novelas de aventuras
baratas escritas con nombres falsos no le traerían ni fama ni la riqueza
deseada. Movido por la ambición de convertirse en el "Napoleón de la
literatura", publicó en 1829 la novela histórica "Los chuanes"
(Les Chouans), la primera que firmó con su nombre real. Aunque la obra no fue
un éxito instantáneo, la crítica notó su increíble capacidad para describir
entornos y caracteres. Poco después, recibió lo que tanto ansiaba: amigos
influyentes e invitaciones a los bailes de la alta sociedad, donde observaba
con avidez las costumbres e intrigas de la aristocracia.
La verdadera visión de su genio se formuló en 1834,
cuando a Balzac se le ocurrió la grandiosa idea de unir todas sus obras en un
ciclo gigante titulado "La comedia humana" (La Comédie humaine). Se
propuso crear una crónica de toda la sociedad francesa, donde los mismos
personajes viajaran de un libro a otro, formando un mundo coherente y vibrante.
Fue un proyecto increíble en la historia de la literatura, que abarcó más de 90
obras terminadas, entre las que destacan joyas como "Papá Goriot",
"Las ilusiones perdidas" y "Eugenia Grandet".
El ritmo de trabajo de Balzac era tan extremo como su
imaginación: escribía de noche, encerrado en su despacho, con las cortinas
cerradas y velas encendidas. Para soportar tal carga, se convirtió en un
verdadero fanático del café; se estima que bebía hasta cincuenta tazas de café
solo bien cargado al día. El café era para él como un combustible sin el cual
"las ideas no se movían", pero este hábito devastó su salud. Podía
trabajar quince horas al día, vistiendo su famosa túnica blanca de monje, que
eligió como símbolo de su retiro del ruido del mundo exterior.
En el ámbito amoroso, la vida de Balzac estuvo marcada
por una misteriosa carta desde Ucrania firmada bajo el seudónimo de "La
Extranjera", enviada por la condesa polaca Eveline Hanska. Esta
correspondencia se convirtió en una historia de amor espiritual y epistolar que
duró dieciocho años. La condesa Hanska fue su musa y su gran esperanza, pero
solo se casaron cuando Eveline enviudó y el propio Balzac ya estaba mortalmente
agotado. Su boda en Berdychiv tuvo lugar apenas unos meses antes de la muerte
del escritor, por lo que esta unión tan esperada no fue un final feliz, sino
más bien un triste comienzo del fin.
Honoré de Balzac murió a los 51 años debido a una
insuficiencia cardíaca y al agotamiento general de su organismo. En su funeral,
Victor Hugo pronunció un discurso memorable, destacando que Balzac se llevó una
época entera a la tumba, pero nos dejó un espejo en el que todavía nos vemos
reflejados.
OBRAS PRINCIPALES Y RASGOS DE SU CREACIÓN
La obra de Honoré de Balzac es un océano gigantesco
dentro de "La comedia humana". Una de sus obras más brillantes es
"Papá Goriot", donde a través del trágico destino de un padre
sacrificado y las ambiciones del joven estudiante Rastignac, se revela el poder
del dinero. Este tema se complementa con "Eugenia Grandet", donde el
escritor retrata magistralmente la vida de provincias y la avaricia destructora
de un padre. El mundo filosófico de "La piel de zapa" (La Peau de
chagrin) introduce el misticismo, simbolizando el agotamiento de la energía
vital.
Balzac es considerado con razón uno de los pioneros
del realismo. Su rasgo más importante es la descripción detallada y escrupulosa
del entorno. Creía que los objetos y el interior de las casas reflejaban
directamente el carácter de la persona. Otro rasgo único son los personajes
recurrentes, lo que le permitió crear una sensación realista de red social. En
su obra domina el determinismo social y la psicología de las pasiones. El
dinero en el mundo de Balzac es una fuerza omnipotente. Finalmente, su estilo se
caracteriza por la tipificación: intentaba clasificar a las personas como un
biólogo clasifica a las especies, revelando la esencia de la Francia del siglo
XIX a través de una "zoología social".
Alma Rebelde

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